A tientas con la corona
Delante de toda la clase, estaba de pie en el pequeño escenario bajo las brillantes luces del gimnasio, tanteando nerviosamente la corona como si de repente se hubiera vuelto demasiado pesada para sostenerla. El metal temblaba ligeramente en sus manos, traicionando la expresión tranquila que se esforzaba por mantener. Cada susurro de la multitud se sentía amplificado, y docenas de ojos curiosos seguían sus más mínimos movimientos. Miró brevemente a sus amigos, preguntándose en silencio qué pensarían si seguía adelante con la audaz idea que tenía en mente. Sus sonrisas de aprobación no hicieron más que intensificar la presión. Respirando hondo, bajó del escenario y se acercó lentamente a la chica, consciente de que aquella decisión podría definir cómo recordaría todo el mundo aquella noche.

Jugando con la corona
Le aclamaron
Cuando anunciaron su nombre como rey del baile, Justin se mantuvo erguido, irradiando confianza, como si hubiera ensayado el momento innumerables veces. El título le parecía casi inevitable; al fin y al cabo, era el chico más popular del colegio. Cuando avanzó, los aplausos estallaron por todo el gimnasio, los vítores resonaron en todos los rincones mientras sus compañeros le felicitaban con palmadas en la espalda. Se permitió una breve sonrisa de satisfacción, saboreando la validación y el orgullo que conllevaba la corona. Durante unos instantes, todo se desarrolló exactamente como había planeado, y se sintió invencible bajo las luces brillantes y la admiración.

Le animaron
En busca de ella
Al subir al escenario, su mirada recorrió el mar de estudiantes vestidos elegantemente para la ocasión, pero no se distrajo con la celebración. Buscó un rostro concreto entre la multitud. Cuando por fin encontró a Mikaela, su expresión se suavizó en una amplia sonrisa, aliviado de verla. Sin embargo, al mirar más de cerca, la sonrisa se desvaneció poco a poco. En lugar de alegría, vio dolor escrito en su rostro, una reacción inesperada que le inquietó e hizo que los vítores a su alrededor se sintieran repentinamente distantes.

En busca de ella
Desprevenida y sin preparación
Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras se aferraba al brazo de su acompañante, con la compostura por los suelos a pesar de saber lo que se avecinaba. El anuncio la había golpeado más fuerte de lo que imaginaba, y un destello de angustia llenó sus ojos antes de desplomarse en el suelo, dejando atónitos a los que estaban cerca. Al verla caer, sintió una aguda punzada de culpabilidad en el estómago. La celebración ya no parecía triunfal, sino hueca. Aunque pareciera demasiado tarde para cambiar lo que había ocurrido, sabía que no podía quedarse ahí sin hacer nada.

Inconsciente y desprevenido
Una ronda de aplausos para nuestra reina
Cuando el locutor pidió con entusiasmo un aplauso para la reina del baile, la multitud estalló una vez más, inconsciente de la tormenta emocional que se estaba gestando bajo la superficie. Se cubrió la cara desde el otro lado de la sala, temblando mientras los vítores la rodeaban. Se ajustó la corona en la cabeza, consciente de repente de su peso. Lo que antes simbolizaba un logro, ahora le parecía una carga. Si quería arreglar las cosas, sólo le quedaba una acción audaz, una que escandalizaría a todos los espectadores.

Una ronda de aplausos para nuestra reina
Mala Reputación, A Diferencia De La Suya
Apretó con fuerza la corona, luchando con las consecuencias de su elección. Renunciar a ella supondría el riesgo de dañar la reputación que se había labrado con tanto esmero, sobre todo para alguien cuyo nombre solía estar rodeado de habladurías y juicios. La duda llenó su mente al preguntarse si los mismos compañeros que le habían vitoreado se volverían contra él. Sin embargo, la había invitado a aquel baile, a sabiendas de los murmullos que la perseguían. Ahora se enfrentaba a un momento decisivo: proteger su imagen y conservar la corona, o seguir su conciencia y arriesgarlo todo por ella.

Mala reputación, a diferencia de la suya
Nervios de acero
Con manos temblorosas y empapadas de sudor, se levantó lentamente la corona de la cabeza, plenamente consciente de que aquel único gesto podría cambiarlo todo. El corazón le latía con fuerza en los oídos, casi ahogando el ruido de la multitud, mientras la duda y la determinación luchaban en su interior. Sabía que sólo disponía de unos segundos para actuar antes de que el momento se esfumara para siempre. Bajó del escenario de un salto y gritó el nombre de Mikaela con urgencia. Ella ya se había dado la vuelta para marcharse, claramente abrumada, pero cuando le oyó se quedó inmóvil. Lentamente, giró para mirarle, con una expresión de confusión y humillación. Todo el gimnasio se sumió en un tenso silencio y, en ese segundo de suspensión, se desencadenó algo inesperado.

Nervios de punta
Justin Murphy
Justin Murphy era considerado el alumno más popular de la escuela, ocupando sin esfuerzo el primer puesto en la jerarquía social. Como capitán del equipo de fútbol americano, era admirado no sólo por su talento atlético, sino también por su fácil encanto y su personalidad segura de sí misma. Mientras crecía en Parkland, Florida, parecía vivir la vida adolescente ideal: padres que le apoyaban en casa, buenas notas en clase y un círculo de amigos leales a su lado. El éxito parecía seguirle de forma natural, y muy pocas cosas perturbaban su tranquilo camino. Sin embargo, todo cambió el día en que una chica nueva se trasladó a su instituto y, sin saberlo, desencadenó unos acontecimientos que pondrían en tela de juicio su reputación y su corazón.

Justin Murphy
Mikaela Jones
La primera vez que Justin vio a Mikaela Jones, quedó completamente cautivado. Su pelo largo y oscuro enmarcaba a la perfección su rostro pecoso, y había en ella una elegancia silenciosa que la diferenciaba de cualquier otra persona que hubiera conocido. A él le parecía casi irreal, como alguien que no encajara en los pasillos ordinarios de su instituto. Sin embargo, mientras él se sentía atraído por ella al instante, la reacción de los demás era mucho menos acogedora. Como chica nueva, llamaba rápidamente la atención, y eso no le gustaba nada a Megan, la jefa de animadoras del instituto. Empezaron a surgir celos, a circular rumores y, en poco tiempo, se desató un drama innecesario.

Mikeala Jones
Su ex novia
Cuando Justin oyó por primera vez los crueles rumores que corrían sobre Mikaela, sospechó inmediatamente de su origen. Megan, su ex novia, tenía un historial de provocar problemas cuando se sentía amenazada. Como había salido con ella, comprendía su tendencia a tergiversar las historias y manipular las situaciones, así que se negó a aceptar sus afirmaciones sin cuestionarlas. Por desgracia, el resto del alumnado no era tan escéptico. Las habladurías se extendieron rápidamente, pintando a Mikaela como una persona antipática y malintencionada, alguien que supuestamente insultaba a sus compañeros a sus espaldas. A medida que la falsa historia cobraba fuerza, muchos alumnos empezaron a evitarla, dejando aislada a la chica nueva antes de que tuviera siquiera la oportunidad de defenderse.

Su ex novia
Acercándose a ella
Una tarde, Justin vio a Mikaela sentada sola en la cafetería, picoteando tranquilamente su almuerzo mientras la sala bullía de conversaciones a su alrededor. Sin dudarlo, decidió acercarse y presentarse, ignorando los comentarios burlones de sus amigos mientras le daban codazos juguetones. Se dio cuenta de que se sentía fuera de lugar, y algo en su vulnerabilidad lo atrajo hacia él. Se sentó frente a ella, le ofreció una cálida sonrisa y se presentó con confianza. Ella respondió con una tímida sonrisa, manteniendo la mirada baja al principio. A pesar de su actitud reservada, había una amable amabilidad en su expresión que le hizo desear saber más.

Acercarse a ella
Con los pies en la tierra
Al final de aquel almuerzo, Justin se dio cuenta de que Mikaela era mucho más de lo que sugerían los rumores. Le habló de su reciente mudanza de Nueva York y le contó que le gustaba pintar y componer canciones al piano. Su creatividad y su perspectiva reflexiva le impresionaron profundamente. Hablaba con sinceridad, y su tranquila inteligencia desmontó rápidamente todas las falsas acusaciones que se habían susurrado sobre ella. Justin supo con certeza que era auténtica y compasiva, nada que ver con la dura imagen que otros habían construido de ella. En aquel momento, sólo la veía como una amiga, alguien a quien quería proteger de un juicio injusto, sin saber que otro chico ya había empezado a competir por su atención.

Con los pies en la tierra
Llegar a conocerla
Durante las semanas siguientes, Justin pasó cada vez más tiempo con Mikaela, prefiriendo su tranquila compañía a las ruidosas risas de su grupo habitual de amigos. Las comidas, antes llenas de bromas y charlas sobre fútbol, se convirtieron poco a poco en largas conversaciones sobre música, sueños y la vida más allá del instituto. Sus amigos no entendían el repentino cambio; después de todos los rumores que habían oído, les desconcertaba su interés por ella. Aun así, a Justin no le importaba. Una tarde, tras cruzarse accidentalmente con ella en el pasillo entre clase y clase, decidió hablarle de algo que llevaba días pensando: el próximo baile de bienvenida.

Llegar a conocerla
Mes de la Bienvenida
Faltaban sólo unas semanas para la fiesta de bienvenida y en los pasillos de la escuela bullía la emoción, y Justin ya se imaginaba llevando la corona. Siempre había pensado que ganar el concurso de rey estaba prácticamente garantizado, dada su popularidad y su condición de capitán de fútbol. Sin embargo, cuando mencionó con entusiasmo el acontecimiento a Mikaela, su reacción le pilló desprevenido. En lugar de compartir su entusiasmo, vaciló, claramente incómoda ante la idea. Los cotilleos constantes y las miradas frías de sus compañeros le habían hecho dudar de si valía la pena asistir. Mientras tanto, Justin llevaba años deseando que llegara ese momento, sobre todo tras su ruptura con Megan. Necesitaba una cita y, naturalmente, Mikaela fue la primera persona que le vino a la mente.

Mes de la Bienvenida
¿Qué podía hacer?
Justin se sentía dividido entre su deseo de tener a Mikaela a su lado y la evidente reticencia de ella a participar en el evento. Durante los días siguientes, intentó persuadirla suave pero insistentemente, prometiéndole que se aseguraría de que se lo pasara bien y no se sintiera sola. Le habló de la música, de la decoración y de lo inolvidable que podría ser la noche. Mikaela valoraba profundamente su creciente amistad y, a pesar de sus reservas, acabó accediendo a asistir. Sin embargo, aclaró con firmeza que irían estrictamente como amigos, nada más. Justin asintió, ocultando sus complicadas emociones, mientras ella ignoraba que le esperaba mucho más drama.

Qué podía hacer él
Rey y Reina
Una vez que Mikaela aceptó asistir a la fiesta de bienvenida, la confianza de Justin volvió con toda su fuerza. En su mente, parecía natural que si él estaba destinado a convertirse en rey, ella podría fácilmente estar a su lado como reina. Sin discutirlo del todo con ella, se convenció de que no se opondría a ser nominada. Actuando por impulso y ambición, se dirigió al comité organizador y presentó los nombres de ambos para la corte del baile. A él le pareció un gesto audaz pero inofensivo, algo que sólo reforzaría su vínculo y acallaría los rumores. Lo que no sabía era que aquella decisión desencadenaría una cadena de acontecimientos inesperados para los que ninguno de ellos estaba preparado.

Rey y Reina
Ben
Todo cambió una tarde de viernes aparentemente normal. Justin entró en la cafetería esperando ver a Mikaela sentada sola en su mesa habitual, pero en lugar de eso, se quedó helado cuando vio a alguien nuevo a su lado. El chico que se inclinaba despreocupadamente frente a ella era Ben, alguien a quien Justin reconocía pero nunca había considerado competencia. Lo que más le inquietó fue la inconfundible admiración en los ojos de Ben. Tampoco era sutil: su lenguaje corporal, su sonrisa, incluso la forma en que se inclinaba hacia ella dejaban claro que estaba enamorado de ella. Verlos juntos despertó en Justin emociones que no había previsto.

Ben
Es doloroso
Mientras Justin se mantenía a distancia, un dolor desconocido le oprimía el pecho. Observó cómo Mikaela se reía con soltura de las bromas de Ben, apoyando de vez en cuando la mano en su hombro como nunca había hecho con él. Parecía relajada, radiante con una facilidad que él no había visto antes. Inclinándose más hacia Ben, se revolvió el pelo distraídamente, con expresión suave y cautivada. Aquella visión le inquietó profundamente, obligándole a enfrentarse a sentimientos que no había reconocido del todo. Hasta ese momento, se había convencido de que sólo eran amigos. Ahora, los celos le invadían, agudos e innegables, dejándole confuso sobre su verdadera posición en la vida de ella.

Es doloroso
Respira
Respiró entrecortadamente, pero sintió como si unas llamas le arañasen la garganta. La sensación le quemaba tanto que se dobló sobre sí mismo, tosiendo roncamente mientras se le nublaba la vista a causa de las súbitas lágrimas. El calor se apoderó de su rostro y las palmas de sus manos se volvieron resbaladizas por el sudor. Siguió otra respiración, irregular y superficial, mientras el corazón le martilleaba salvajemente contra las costillas, con un fuerte eco en los oídos. Nunca había experimentado nada parecido. Durante una fracción de segundo, se preguntó si estaría sufriendo alguna extraña enfermedad, porque nada en aquel momento le parecía normal o manejable.

Respira
Celos
Justin siempre había sido la viva imagen de la salud: fuerte, seguro de sí mismo y rara vez dejado de lado por algo, ya fuera físico o emocional. Sin embargo, hoy sentía un gran malestar que le obligaba a apoyarse en la pared más cercana antes de que le fallaran las rodillas. No entendía por qué su cuerpo le traicionaba. Lo que no sabía era que la tormenta que se desencadenaba en su interior no tenía nada que ver con la enfermedad. Eran celos: agudos, desconocidos y dolorosamente intensos. Como niño mimado de la escuela, nunca había tenido que competir por la atención o el afecto. Querer algo que quizá no pudiera tener era un territorio desconocido, y darse cuenta de ello le inquietaba más de lo que se atrevía a admitir.

Celos
Sé fuerte
“Contrólate”, murmuró en voz baja, intentando recuperar el control mientras las miradas curiosas empezaban a dirigirse hacia él. Los estudiantes que estaban cerca se fijaron en su respiración agitada y en cómo cerraba los dedos en un puño antes de volver a soltarlos. Una fina capa de sudor le brillaba en la frente, traicionando la fachada tranquila que solía llevar sin esfuerzo. Tardó un buen rato en serenarse y comprender lo que realmente estaba ocurriendo. Cuando por fin levantó la mirada hacia Mikaela, algo cambió. Por primera vez, no sólo la veía como a una amiga, sino que se fijaba en detalles que antes había pasado por alto.

Sé fuerte
Un verdadero espectáculo
Mikaela siempre le había parecido guapa, inteligente y refrescantemente auténtica. Pero ahora, esas cualidades parecían magnificadas sin medida. La luz captaba su piel tersa, haciéndola brillar suavemente, y sus gruesos rizos enmarcaban su rostro de una forma que parecía casi injustamente perfecta. Sus profundos ojos verdes, sutilmente resaltados con un toque de sombra, brillaban mientras ella reía. Se fijó en la delicadeza con la que sus dedos jugueteaban con la comida, apenas comiendo mientras se concentraba por completo en Ben. Cada pequeño movimiento le cautivaba y, a cada segundo que pasaba, se daba cuenta de ello. Una maldición silenciosa salió de sus labios cuando comprendió que aquello no era admiración, sino algo mucho más peligroso.

Un verdadero espectáculo
Frustración
En aquel momento abrumador, Justin admitió por fin que sus sentimientos por Mikaela habían ido más allá de la simple amistad. La conciencia le golpeó como un maremoto, complicando todo lo que creía comprender. Despreciaba el hecho de que tuviera que verla con otro chico para que se aclarara. Imaginar un futuro en el que ella eligiera a Ben hacía que el pecho se le oprimiera dolorosamente. La sola idea lo llenaba de una frustración inquieta, que lo dividía entre la rabia hacia sí mismo y el miedo a perderla. Una cosa era cierta: no podía seguir callado. Si no hablaba, se arriesgaba a verla escapar.

Frustración
Siempre fue fácil
El romance nunca había sido complicado para Justin. Su encanto, su sonrisa fácil y su presencia segura solían garantizarle el éxito sin mucho esfuerzo. Las chicas gravitaban hacia él de forma natural, y él se había acostumbrado a esa atención sin esfuerzo. Pero esta situación era totalmente distinta. Mikaela nunca le había mirado con admiración estelar ni con evidente coqueteo. Lo trataba como a un igual, como a un amigo. Y ahora, mientras la observaba mirar a Ben con una suavidad que él nunca había recibido, le invadió la inseguridad. Por primera vez en su vida, Justin se sintió inseguro. ¿Podría este tipo corriente, alguien a quien apenas consideraba competencia, ganarse el corazón de la única chica que deseaba de verdad?

Siempre fue fácil
El rey siempre gana
“No”, murmuró Justin en voz baja antes de dirigirse directamente hacia su mesa, con la mandíbula tensa por la determinación. La idea de que Ben -el Ben normal y corriente, el que pasaba desapercibido- ganara a la chica a la que adoraba en secreto era insoportable. En el mundo de Justin, él era quien triunfaba. Era el rey de la escuela, el centro de atención, a quien la gente admiraba y seguía. Perder sencillamente no formaba parte de su identidad. Sin dudarlo más, sacó una silla y se sentó frente a ellos, enmascarando su frustración con una expresión tranquila. Aunque reconocía a Ben, sus círculos sociales nunca habían coincidido. Tras una breve presentación, Justin preguntó despreocupadamente de qué se conocían, procurando sonar curioso y no amenazador.

El rey siempre gana
El instituto
“Ben y yo fuimos al mismo instituto en Nueva York”, explicó Mikaela con entusiasmo, y su rostro se iluminó de tal forma que Justin sintió una opresión en el pecho. “De hecho, éramos mejores amigos. Me parece irreal volver a verle después de tantos años” Su voz desprendía una calidez que inquietó a Justin más de lo que esperaba. Continuó describiendo recuerdos de su infancia: tardes compartiendo porciones de pizza grasienta en el Bronx, deambulando por animados festivales callejeros en Manhattan, riéndose de los profesores de los que solían burlarse. Cada detalle pintaba una imagen vívida de un vínculo que había existido mucho antes de que Justin apareciera en escena, y le carcomía implacablemente.

Secundaria
Tienen una historia
“No puedo perder”, soltó Justin de repente, para luego taparse la boca con la mano, avergonzado. “Lo siento”, añadió rápidamente, intentando tomárselo a broma. Pero las palabras no eran aleatorias: habían estado resonando en sus pensamientos desde que Mikaela empezó a recordar. Al verla resplandecer de nostalgia cuando hablaba de Ben, algo en su interior se hizo añicos. Era evidente que compartían un pasado significativo, lleno de risas y lealtad. Sin embargo, mientras ellos se perdían en los recuerdos, Justin construía en silencio una estrategia en su mente. Se negaba a quedarse de brazos cruzados y dejar que la historia decidiera el resultado. Estaba decidido a reescribir el final a su favor.

Tienen una historia
Soy mejor
“Tendrás que disculparme”, dijo Justin bruscamente, echando la silla hacia atrás. “Ben, encantado de conocerte. Mikaela, hablaremos más tarde” “Espera, ¿estás bien?”, lo siguió ella, con una expresión de preocupación. “Estoy bien”, respondió él con una sonrisa tensa y practicada mientras se abría paso por la abarrotada cafetería. Sin embargo, por dentro se estaba deshaciendo. Los celos lo recorrían en oleadas que apenas podía contener, una emoción extraña que lo dejaba inquieto y agitado. Necesitaba espacio para pensar, respirar y recuperar el control. Y lo que era más importante, necesitaba demostrar -a Mikaela y a sí mismo- que él era la mejor opción. Y en su mente sólo había una forma de conseguirlo.

Soy mejor
Mentira
Aquella misma noche, Justin marcó el número de Mikaela, con el pulgar suspendido un instante antes de pulsar el botón de llamada. Le dijo que necesitaba verla, manteniendo un tono serio pero tranquilo. Era viernes y las clases habían terminado pronto, lo que le daba la excusa perfecta. “¿Te encuentras bien?”, preguntó ella enseguida, con una preocupación evidente en la voz. “Sí, ya estoy bien”, respondió él con suavidad. “Creo que antes he comido algo en mal estado, problemas de estómago” La mentira le resultó más fácil de lo que esperaba, aunque era la primera vez que la engañaba. “Estoy en el centro comercial”, añadió. “Esperaba que pudieras venir. Quizá podríamos hablar un rato” Bajo su serena apariencia, esperó ansiosamente su respuesta.

Mentira
¡Sí!
“Por supuesto”, respondió Mikaela sin vacilar, brillando una vez más su lealtad. Como vivía a pocas manzanas del centro comercial y su hermana mayor trabajaba allí, encontrarse con Justin parecía inofensivo y conveniente. Supuso que sería una conversación breve, nada más que para ver cómo se encontraba un amigo que se había sentido mal antes. Se apresuró a salir, sin darse cuenta de la intensidad de la invitación de Justin. Lo que no sabía era que aquel encuentro tenía una agenda oculta. Justin no planeaba una charla casual; pretendía cambiar por completo la balanza. Cuando terminara, estaba decidido a que ella lo viera de otra manera, tan diferente que nadie más, especialmente Ben, tendría ninguna posibilidad.

¡Sí!
En el centro comercial
Justin esperó en la entrada del centro comercial, con los nervios y la emoción luchando en su pecho. Se había vestido para impresionar, con sus mejores galas, e incluso se había cortado el pelo de urgencia esa misma tarde. El sutil aroma de su colonia permanecía a su alrededor y su arma más fiable -su característica y contagiosa sonrisa- estaba lista para el despliegue. En cuanto apareció Mikaela, prácticamente se congeló durante un segundo, y luego se abalanzó sobre él con los brazos abiertos. “¡Mikaela!”, exclamó, estrechándola en un fuerte abrazo. La sorpresa en su rostro era inconfundible; Justin nunca había actuado con ella con tanta audacia. “¿Estás bien?”, preguntó ella, con la preocupación frunciendo las cejas, pero el motivo de su pregunta lo dejó momentáneamente sin habla.

En el centro comercial
Es raro
“Sí, ¿por qué?” Contestó Justin, intentando disimular el revoloteo de su estómago. “No lo sé”, admitió Mikaela, mirándolo con el ceño fruncido. “Estás actuando un poco raro” Justin no pudo encontrar las palabras inmediatamente; tal vez había hablado demasiado fuerte. Decidió bajar la intensidad, la cogió suavemente de la mano y la condujo hacia el patio de comidas. Compartieron un rápido tentempié, riendo y bromeando como si el mundo se hubiera detenido sólo para ellos, antes de ir al cine. Lo que no sabía era que el destino -o, más exactamente, Ben- estaba a punto de echar por tierra su velada cuidadosamente planeada.

Es extraño
Un plan sencillo
La hora de la película con Mikaela fue todo lo que Justin había esperado. Era aguda e ingeniosa, y comentaba los giros de la trama, las curiosidades de las películas y las referencias a la cultura pop con una perspicacia que le hacía sonreír de oreja a oreja. Después de la película, tiró de ella hacia los recreativos, dispuesto a presentarle algunos de sus juegos favoritos de la infancia, imaginando una noche llena de risas y recuerdos compartidos. El plan era sencillo: pasar la velada mostrando a Mikaela una faceta suya más allá de los muros de la escuela, impresionándola, haciéndole ver que era alguien divertido, amable e inolvidable. Pero antes de que pudiera siquiera empezar, se le apretó el pecho cuando vio una figura familiar al otro lado de la habitación.

Un plan sencillo
Invasores del espacio
Mikaela ya lo había visto. Se le iluminó la cara al gritar su nombre, y Ben se acercó corriendo, envolviéndola en un abrazo que parecía más apretado, cálido y cariñoso que el de Justin. “¿Qué estáis haciendo aquí?” Preguntó Ben, pero antes de que Justin pudiera responder, Ben los invitó a ambos a una partida de Space Invaders. A Mikaela le brillaron los ojos. “¡Invasores del Espacio! ¡Siempre jugábamos a eso en Nueva York! Yo siempre ganaba, claro”, se rió. Pero la sonrisa de Justin era forzada; estaba lejos de divertirse.

Invasores del espacio
Más recuerdos
La hora siguiente fue una tortura. Mikaela y Ben rememoraron escapadas de la infancia, compartieron chistes internos y aventuras casi románticas que Justin no sabía que existían. Se le revolvió el estómago cuando Ben mencionó casualmente que una vez había pensado que acabaría con Mikaela. Justin sintió el cuerpo caliente, tenso, casi enfermo de celos y frustración. Necesitaba escapar de la interminable avalancha de recuerdos que Ben revivía sin esfuerzo, recuerdos de los que Justin deseaba haber formado parte.

Más recuerdos
De vuelta a casa
Mikaela notó su malestar de inmediato. Cuando terminó la noche, Justin volvió a casa, tiró la chaqueta a un lado y se desplomó en la cama con un pesado suspiro. Se había imaginado la noche de otra manera: risas, conexión, tal vez un atisbo de romance… pero, en lugar de eso, se sintió marginado, observando cómo otro chico revivía momentos que deberían haber sido suyos. Su teléfono zumbó en el bolsillo, rompiendo su melancólico silencio. Al sacarlo, vio su nombre parpadeando en la pantalla. Contestó con una mezcla de alivio y frustración persistente, y se llevó el teléfono a la oreja. “¿Diga?” La noche estaba lejos de terminar, y Justin sabía que la verdadera batalla por la atención de Mikaela no había hecho más que empezar.

De vuelta a casa
La llamada
“Hola”, saludó Mikaela amablemente, con voz suave a través del teléfono. “Sólo quería saber si te encontrabas bien” A Justin se le apretó el pecho y sonrió con tristeza, pensando en lo realmente maravillosa que era. Era amable, inteligente e ingeniosa, un alma rara en la que sólo unos pocos, como Ben, parecían fijarse en la escuela. “Sí, estoy bien. Me siento un poco mejor que antes -respondió con cautela, intentando disimular la agitación que se agitaba en su pecho. Una vez que se aseguró de que estaba bien, dudó un momento antes de revelar la verdadera razón por la que había llamado.

La llamada
La otra razón
“Ben me ha invitado esta noche a la fiesta de bienvenida. Quiere que sea como una cita”, admitió nerviosa, con la voz un poco temblorosa. A Justin se le cayó el estómago al oír aquellas palabras. “Murmuró, conteniendo cuidadosamente su decepción. Había pensado recordarle, al final de su pequeña salida, que se alegraba de que aceptara ir con él. “¿Y qué le dijiste? -preguntó, forzando un tono neutro. Las siguientes palabras de Mikaela lo destrozaron. “Aún no le he dado una respuesta. Primero quería asegurarme de que te parecía bien. Acepté ir contigo, pero él me gusta mucho -confesó ella, dejando a Justin entumecido.

La otra razón
Decepción
Justin se sentó en la cama y se pellizcó el puente de la nariz. Se dio cuenta de que había estado tratando a Mikaela como si fuera un premio que había que ganar, en lugar de una persona con sus propios sentimientos y elecciones. Se odió por lo egoísta que había sido en el centro comercial, por dejar que los celos le nublaran el juicio. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Probablemente Ben lo había visto todo, y Justin se preguntó si el chico revelaría sus intrigas a Mikaela. Al pensarlo, se le retorció el estómago de vergüenza y frustración.

Decepción
Está bien
A pesar del escozor que sentía en el pecho, Justin sabía que no podía interponerse en su camino. Mikaela merecía estar con alguien que la hiciera verdaderamente feliz. Tragándose el amargo nudo que tenía en la garganta, forzó un tono tranquilo. “Por supuesto, no pasa nada si te vas con él. Me alegraré de verte allí -dijo, reprimiendo el dolor que sentía en el pecho. Oyó su agradecimiento suave y agradecido a través del teléfono, y su voz le recordó lo mucho que le importaba su bienestar. Mientras ella fuera feliz, él encontraría la forma de aceptar el resultado, por doloroso que fuera.

Es guay
El Gran Día
Antes de que se dieran cuenta, había llegado la noche del baile. Justin estaba impecable con su traje azul marino hecho a medida, rodeado de sus amigos futbolistas mientras bebían ponche de frutas a sorbos, esperando a que empezara la ceremonia. Desde el otro lado del gimnasio, vio a Mikaela, radiante y riendo, con los dedos entrelazados con los de Ben. Su corazón se apretó, la punzada de celos más aguda que nunca. El momento de la verdad no se hizo esperar; cuando el presentador declaró a Justin rey del baile, estallaron los vítores y él se dirigió al pequeño escenario, con la corona brillando bajo las luces.

El gran día
El rey
Sus compañeros estallaron en aplausos y cánticos cuando Justin se acercó al escenario, plenamente consciente de la agridulce realidad: si él era el rey, Mikaela sería automáticamente la reina. Sus ojos escrutaron a la multitud, buscando su rostro entre los estudiantes disfrazados. Cuando por fin su mirada se posó en Mikaela, su sonrisa vaciló. Su expresión reflejaba la misma emoción conflictiva: arrepentimiento, vergüenza y preocupación por cómo podría afectar a su incipiente relación con Ben el hecho de estar juntos en el escenario. El triunfo de Justin parecía vacío: había ganado la corona, pero la persona que de verdad le importaba ya estaba comprometida con otra. La noche fue una victoria para las apariencias, pero en su corazón, la lucha no había hecho más que empezar.

El rey
Una situación incómoda
Las lágrimas corrían por el rostro de Mikaela mientras se aferraba al brazo de su cita, con la ansiedad retorciéndose en su pecho. La habitación parecía girar a su alrededor mientras lanzaba una breve mirada a Justin, con los ojos llenos de tristeza, antes de caer al suelo. No esperaba que la noche fuera tan abrumadora, y estar frente al mar de estudiantes la hacía sentirse aún más pequeña. Mientras tanto, Justin sentía un malestar punzante en la boca del estómago, una sensación de pesadez y ardor que no podía ignorar. Se dio cuenta de que había que hacer algo, pero se le había pasado el momento.

Una situación incómoda
Una cosa que hacer
La voz del locutor retumbó y gritó: “¡Un aplauso para la reina del baile!” Mikaela enterró la cara entre las manos mientras Justin la observaba desde lejos. Una oleada de arrepentimiento le golpeó; sabía que había cometido un gran error. Los ojos de sus amigos estaban clavados en él, y podía imaginarse el juicio y los susurros que vendrían a continuación. Mientras se ajustaba la corona sobre la cabeza, se dio cuenta de que sólo había una forma de arreglar las cosas.

Una cosa que hacer
Su decisión
Sin vacilar, Justin bajó del escenario y se acercó a Mikaela y Ben, mientras la sala se sumía en un silencio expectante. Todos los ojos estaban puestos en él, preguntándose qué iba a hacer. Con calma, se quitó la corona de la cabeza y se volvió hacia Ben con una sonrisa sincera y triste. “Deberías coger esto”, dijo, poniendo la corona en manos de Ben. “Creo que los dos seríais mucho mejor rey y reina” Luego, volviéndose hacia Mikaela, la animó suavemente: “Vamos, coge tu corona; todos nos morimos de ganas de ver al rey y a la reina ahí arriba” La cara de Mikaela se iluminó de incredulidad y gratitud. El gesto de Justin había sido desinteresado, sincero y totalmente inesperado. La multitud estalló en aplausos, no sólo por los nuevos rey y reina, sino por la extraordinaria muestra de amabilidad y madurez. A partir de aquella noche, Mikaela y Justin siguieron siendo amigos íntimos, mientras que ella y Ben se estrechaban como pareja. El colegio aprendió a apreciar a Mikaela por lo que realmente era, igual que siempre había hecho Justin. Aunque tuvo que aceptar sus propios sentimientos, al final se sintió agradecido por tener una amiga tan extraordinaria en su vida, alguien que le enseñó el valor de la generosidad, la humildad y la verdadera amistad.

Su decisión